A raíz de Palestina, unos comentarios sobre la intensificación del sadismo en internet
PARTE 1 – Profunda, profunda noche… / Siento como si hubiera matado a alguien. / ¿Qué podría satisfacer tu hambre? / Alguien más sueña contigo, pero tú no sueñas con nadie. / ¿Qué podría satisfacer tu hambre?
como alguém pode arrasar / uma ilha filipina / e não esperar / que lhe matem à familia / e eu não defendo a violencia / mas ETA não matou tanta gente como Espanha
[Cómo alguien puede arrasar / una isla filipina / y no esperar / que le maten la familia / y yo no defiendo la violencia / pero ETA no mató tanta gente como España].
Sepé Tiaraju, Emilio José
Violan a una mujer. Ella, intentando defenderse o escapar, mata a su violador. En el cine de tíos esto acaba desembocando en el llamado revenge porn. Celebra el acto de la víctima asesinando. El malo ha sido ajusticiado, existe orden en el universo de esa ficción y, pese a que el sistema cishetero patriarcal siga intacto, hay una sensación de alivio para la población masculina que ve cómo esa indefensa mujer ha conseguido vengarse. La realidad de la historia es que una mujer no sólo ha sido expuesta a una violación, sino que se ha visto empujada a matar a un hombre. Contra la idea de heroísmo del revenge porn, queda una persona inocente afectada por una violación y un asesinato con los que nunca tuvo que verse obligada a encontrarse. El asesinato no es, por lo tanto, un estado de victoria, sino otra de las múltiples consecuencias terribles de una serie de actos que jamás debieron haber ocurrido. Cuando celebráis la muerte de un soldado israelí, siento que sois tíos fans del revenge porn.
Hay un sadismo en la izquierda de internet insoportable. Sólo hay que adentrarse en los tuits sobre soldados israelíes muertos para ver este tipo de infantilismos. Bromas y alegrías sobre el asesinato de una persona. Hay, mientras tanto, un civil palestino que, ante el genocidio y la colonización al que se ve sometido, ha tenido que verse expuesto al acto terrible de matar a otra persona. Entiendo de dónde nace esa comedia, pero siento reparo por ese tipo de tuits que convierten un genocidio en un espectáculo para europeos que pueden ver alegría en lo que está sucediendo. Estas formas de alegría banalizan y hacen de la limpieza étnica un show con el que reaccionar. Como el revenge porn, hacen del trauma espectáculo, salvo que en este caso con acontecimientos reales. No deseo más que Palestina sea libre y, no tengo dudas, no hay otra forma que no sea la violencia, pero no hay alegría posible ante un genocidio, no hay diversión en matar al enemigo. Como en la Segunda Guerra Mundial, sólo existe la tragedia y tenemos que aceptar esa condición tan desoladora. Siempre existe ese fondo de tristeza de por qué esa situación se ha dado, aun cuando esta pueda haber acabado.
No pienso que «la violencia es legítima», pienso que la violencia puede ser necesaria. No solo llegados a los horrores niveles de Palestina. El uso de la violencia estratégica y organizada por parte del proletariado puede ser una de las vías más efectivas para lograr libertad humana, la supervivencia de la especie, de la diversidad biológica global y del planeta como único espacio habitado conocido. La lucha armada es, por lo tanto, deseable bajo el contexto adecuado, pero no hay nada de orgullo, ni fortaleza; no es una festividad.
Por mi parte, siempre he tenido una relación parasocial con el terrorismo que es compleja y no quiero ocultar. Pocas cosas admiro más que el noble arte de colocar bombas debajo de los coches de la gente adecuada, pero odio el sadismo contra todo animal, humano o no-humano.
Desde adolescente me he interesado por el terrorismo, aunque siempre haya vivido esa tensión entre mi idealización casi estética y la realidad de esos grupos. He defendido a mis boybands favoritas como la ETA, al IRA, al GRAPO, a los தமிழீழ விடுதலைப் புலிகள் —Lara Raj, que sepas que te adoro—, a los 日本赤軍 y al MPAIAC —Canarias, la gran olvidada, siempre en mi corazón— desde antes de cumplir la mayoría de edad. Incluso cuando, en el caso del grupo gallego, amenazaron de muerte por motivos comprensibles a mi querido abuelo, llevando a complejas discusiones familiares. Cuando descubrí que Masao Adachi dejaría todo en Cannes para irse a luchar por Palestina, donde robó un avión, pensé: “¿Por qué los directores ya no hacemos eso?”. Cuando me enteré de que Moriaki Wakabayashi, el bajista original de Les Rallizes Dénudés ayudó a secuestrar un avión para ayudar al bando comunista en la Guerra de Corea, pensé: “¿Por qué ellos tuvieron una década de dos artistas secuestradores de aviones de izquierdas? Si yo tardé cuatro intentos en sacarme el carné de coche, ¿podría robar un avión?”. Soy consciente, al mismo tiempo, que no hay nada guay en esos actos. Está muy bien que Masao Adachi robara un avión porque era pertinente para la lucha palestina, pero sé que más allá de mis pulsiones más inmediatas, esa obsesión infantil y naif, los horrores que Adachi vio fue lo que retrató en Red Army/PFLP: Declaration of World War. La anécdota puede sonar cool fuera de su contexto —es difícil negarle el aura al hecho de que dos de los mejores artistas del siglo XX también fueran secuestradores de aviones por terrorismo de izquierdas—, pero en las imágenes, en la experiencia y en el contexto político de ese periodo de la vida de Adachi sólo hay miseria y opresión. No me queda otra que aceptar que estoy idealizando y haciendo héroes de lo que es una situación tan tensa que se vieron obligados a usar la violencia.
Parece hipócrita que piense, de forma simultánea, que el mundo necesita una red de organizaciones terroristas que acaben con el capital, al mismo tiempo que pienso que debemos escapar del sadismo y que la violencia es algo que me produce rechazo. La distancia para mí tiene, justamente, que ver en quién elige la violencia. Cuando la víctima elige la violencia es por falta de alternativas, cuando el opresor elige la violencia lo hace por sus intereses de dominación. Matar con tristeza es una tragedia que mucha gente tiene que vivir, pero matar y alegrarte está más cerca de defender la pena de muerte y pensar en lógicas punitivas del sistema penitenciario que en pensar en la resolución de conflictos o en la liberación de los pueblos oprimidos.
Cuando mataron a Charlie Kirk varies amigues me pasaron memes y bromas, o colgaron en sus cuentas barbaridades alegrándose de su muerte. La mera imagen de Charlie Kirk siempre ha sido un horror para mí. Como persona trans la violencia de sus palabras y la expansión de su pensamiento no ha provocado más que el aumento de la violencia contra nosotres. Su muerte no me provoca ningún tipo de alegría, pero tampoco me alivia. Me la peló, sin más. Al poco tiempo un seguidor de Kirk mató a dos chicas por haber hecho bromas de su muerte. No encuentro ninguna liberación en su asesinato porque sus ideas se han expandido, siguen permeadas e institucionalizadas y la violencia contra las personas queer o racializadas no desaparecerá con su asesinato. Si acaso, las bromas y la infantilización de su muerte, incluso si ridiculizan su figura, no dejan de expandir su nombre y otorgarle difusión, al mismo tiempo que quitarle peso a una persona que, genuinamente, ha hecho horrores a comunidades enteras de personas alrededor del mundo.
Pienso que el sadismo es una forma de privilegio para quienes convierten la tragedia en espectáculo, de la misma forma que la no-violencia como principio inviolable es una elección para quien antepone una idea de buena ética a personas que están siendo masacradas. Una distancia con las víctimas y un esfuerzo de demostración de superioridad moral, para mí, narcisista y políticamente ineficiente. Entiendo las dinámicas de internet, la forma en la que puedes acabar cayendo en este tipo de bromas, pero pienso que son estructuras de pensamiento de las que, en conjunto, tenemos que deshacernos. Desde hace años me veo envuelto en esta dialéctica, por lo que no me resulta ajena, ni quiero no enmarcarme en el problema. Yo mismo he soltado bromas en este fragmento introductorio, pero pienso que hay que repensar de qué forma aplicamos situaciones de victoria, castigo y alegría sobre tragedias en las que, tal vez, eso no tenga ningún tipo de cabida. No lo pienso como algo a atacar, señalar y criticar a quien cae estas dinámicas, sino hablar de qué forma son problemáticas las dinámicas mismas. No pienso que nadie deba caer en el sentimiento católico y narcisista de la culpabilidad si se siente señalado por este texto. Pienso que es necesario repensar la pregunta sobre la empatía por los otros dentro de los conflictos que estamos viviendo. Internet ha cebado este sadismo y esta apología cínica de la violencia, trabajemos en no caer en esa tendencia.
PARTE 2 — Las aves del silencio se alejaron volando, las palabras de la noche se hundieron. / Nadie desea que te quedes aquí.
En estos días estamos viendo mucho uno de los clásicos: «Reinserción sí, menos para los delitos que no me gustan, para esos no. Lo mejor es que la gente que cometa esos crímenes muera apaleada por una masa enfurecida».
Tuit de Marcos (@MarcosVA_6)
A la gente de Europa le encanta meterse con el desconocimiento geográfico e histórico de los yanquis. Todos esos vídeos de norteamericanos incapaces de situar países europeos o saber su historia resulta igual de alarmantemente ajeno para ellos como para los europeos la historia del resto del mundo. La reacción popular de occidente de RRR como una película anticolonial, cuando es una película que participa activamente en los discursos nacionalistas de extrema derecha del partido BJP y su presidente Narendra Modi, son de un catetismo con la política e historia del exterior propia de un yanqui, por mucho que a les europees les flipe sentirse superiores porque han visto en TikTok a un tejano random que no sabe dónde está Hungría. En ambos casos, culturas imperialistas desinteresadas por los países exteriores que sólo generan curiosidad por orientalismo o por turismo. Y más hablando de la India, que es país más poblado del mundo, y siendo el BJP el partido con más miembros actualmente de todo el planeta.
Cada comentario, lectura o anécdota sobre Japón que hace un blanco promedio me resulta terrorífico, sobre todo por cómo se ha blanqueado la historia de uno de los países con pasado imperialista más violento del levante oriental moderno. Las reacciones de occidente a la historia de Japón suelen verlos como víctimas, un país desolado por el colonialismo norteamericano y las bombas atómicas, cuando tiene más que ver con una situación de derrota de un imperio sobre otro donde ambos tenían intereses de expansión y conquista. Jessica Yeung comenta, a raíz de La tumba de las luciérnagas: “En 2005, cuando iba a proyectarse en Corea del Sur, los surcoreanos protestaron contra ella, por lo que la proyección tuvo que cancelarse. En el espacio de Internet de la República Popular China, los internautas chinos también piensan que se trata de una propaganda engañosa (aunque creo que no todos)”.

El otro día volví a ver la película del Studio Ghibli con mi familia. Mis padres se encontraban desolados con su historia. Al terminar, comentándola con elles insistí en un punto importante que para mí la separaba del resto de películas populares sobre la Segunda Guerra Mundial: era de las pocas películas japonesas con distribución de masas que mostraba que Japón no era un país inocente, sino un asociado al bando alemán con intereses militares por las costas del este asiático. No me considero quién para criticar las lecturas surcoreanas y chinas que la leen como una película autocompansiva con el imperio que intentó conquistarlos, pero no veo en ella más que una tensión crítica que abre cuestiones claras sobre la empatía y la incapacidad de leer la guerra como otra cosa que una tragedia. Querer que el bando alemán perdiera implicó, tristemente, la matanza de miles de personas, entre ellas los niños protas de La tumba de las luciernágas. En la película, el hermano adolescente, Setsuko, es un nacionalista japonés declarado que apoya un bando y una historia de matanza, la de los militares japoneses. Setsuko, al contrario que en la mayoría de las bazofias bélicas que se hacen sobre infancias en conflictos bélicos, no es un ser apolitizado, sino un sujeto político que, con mayor o menor profundidad, es socializado y replica los discursos nacionalistas de sus padres y quiere, conscientemente, que la guerra acontezca porque eso “será mejor para Japón”. No ser un adulto no implica que viva ajeno a la política, pero no ser inocente del conflicto bélico no hace que merezca morir. Esa es la tragedia de La tumba de las luciérnagas.
Pienso que, como casi todo Ghibli, sus obras son creadas principalmente para el público japonés, donde existe como advertencia trágica, más que cómo victimismo. La tumba de las luciérnagas no es la historia sobre un grupo de inocentes niños que son masacrados, sino la historia de un país que vendió a su pueblo por motivos imperialistas, sólo consiguiendo que se acabara con una parte importante de la población, así como que lanzaran dos bombas nucleares cuyos efectos aún persisten en esos territorios. Si me interesa como película antibelicista es, justamente, por poner el foco en las ilusiones perdidas de un niño que soñaba con grandes victorias y éxitos militares. Es una película que advierte a les niñes, como sujetos politizados y futuros adultos, de las consecuencias de que su país haya elegido la guerra. La enseñanza es para un país imperialista, demostrando que no hay guerra con intereses coloniales y expansivos cuya victoria merezca lo que se puede perder en el proceso.

Mi padre dijo que al terminar de verla pasó una semana entera pensando en Palestina, lo cual entiendo, ya que es casi imposible ver imágenes de niños muriendo en ciudades destruidos y no pensar en ella ahora mismo, pero es un contexto diametralmente opuesto. La tumba de las luciérnagas es sobre imperialismos fracasados, no sobre limpiezas coloniales que llevan más de un siglo en acción. Lo que se puede aprender de La tumba de las luciérnagas, viviendo fuera de las formas de propaganda japonesa, es pensar la empatía detrás de esas imágenes de destrucción. El niño no tiene una de las características típicas de la infancia en el cine, la inocencia, pero no ser inocente no le hace merecedor de morir de hambre tras haber perdido a su familia. Si lo vemos desde una perspectiva militar, es decir, como bandos, podemos alegrarnos de que Japón y Alemania perdieran, pero es imposible ver la obra de Takahata y sentir algún tipo de alegría. La alegría y el concepto de “victoria” es para los militares, para los fascistas y la burguesía que son las grandes amenazas contra la especie humana. Para el resto, no habrá nada en la guerra que no sea la imagen de Setsuko muriendo de hambre abandonado en una estación, junto al resto de cadáveres de otros niños que ya murieron.
PARTE 3 — Los amantes oscuros finalmente llegan a la playa donde todo ha muerto. / Él ya ha grabado un símbolo negro en mí. / Cuando cruce el río de sangre en tus manos y hayas tragado una gota de nada, / por fin te darán un nombre.
P: ?Estás de acuerdo con lo que dice el Dr. King sobre la no violen…?
Malcom X: No creo en ningún tipo de no violencia. Creo que es un derecho ser no violento con gente que no es violenta, pero cuando estás tratando con un enemigo que no sabe lo que la no violencia es, hasta lo que yo conozco, lo único que estás haciendo es perder el tiempo.
Entrevista a Malcom X, 4 de febrero de 1965
Adoro, como toda su obra, El nombre del mundo es bosque de Ursula K. Leguin. El conflicto, por simplificarlo, comienza con la llegada de unos colonos a un planeta donde habitan seres pacíficos para acabar con sus recursos naturales. Los nativos comienzan una serie de rebeliones violentas y altamente crueles por medio de las cuales consiguen acabar con las fuerzas coloniales. Afirman que, durante este proceso, el pueblo había aprendido a decidir a matar, algo que nunca habían hecho dada su profunda filosofía no-violenta. Al final de la novela Davidson, el antagonista y jefe de los colonos, se encuentra cara a cara con Selver, protagonista de la historia y líder de la revolución. Después de haber matado a miles de colonos, Selver decide no matar al que ha sido el gran jefe de las instituciones que han oprimido a su pueblo. Esto, que podría leerse como una forma de pacifismo naif, acaba siendo una postura altamente compleja. Selver nunca quiso matar: su deseo era liberar a su pueblo. Una vez el pueblo ha conseguido expulsar a los colonos, seguir matando sería seguir viviendo bajo las formas de relación coloniales que habían establecido hasta ese momento. No es una cuestión de empatía, es negarse a seguir replicando las acciones de los colonizadores, oponerse a sus formas.
Ursula K. LeGuin es una gran adaptadora del taoísmo al ámbito de la novela de género. Leí el Tao Te Ching en uno de los momentos más frágiles de mi vida —aunque no tanto como en el que estoy ahora—. La impresión profunda que causó en mí fue un alivio inconmensurable, pero era escéptico con la idea de que su teoría de la no-acción era compatible con ideales revolucionarios. Encontré en el taoísmo una filosofía realmente radical y políticamente estimulante, pero ¿era posible defender su apología de la no-acción y al mismo tiempo querer la revolución? Su clave, para mí, se encuentra en el fragmento 31:
Las armas son instrumentos nefastos, / odiados por todos los seres. […] / Sólo las usa cuando no queda más remedio. / Sobre todas las cosas, aprecia la calma y la paz. / Cuando vence, no se regocija en su victoria. / Alegrarse sería como festejar / los asesinatos cometidos. / Quien se alegra de un homicidio / no alcanzará la meta que persigue. […] / Matar a un gran número de hombres / ha de lamentarse con lágrimas compasivas. / El vencedor de la batalla / ha de llevar luto como en un funeral.
La violencia en el tao es, por lo tanto, una necesidad cuando es en autodefensa, pero nunca es por ello el camino a seguir, en tanto que fin último, sino un medio terrible al que verte sometido. Presenta todo fin de un conflicto bélico es, inevitablemente, un luto, tanto por los muertos de quienes nunca debieron morir como por los asesinatos de quienes nunca se tuvieron que ver obligados a matar. Realmente encontré en el Tao las respuestas al conflicto que tenía con el terrorismo. Ojalá vuelva la increíble ola de terrorismo que tuvimos en los 60s y 70s con todo lo nuevo que aprendimos, pocas cosas deseo más que eso, pero no querría matar a ninguna persona, ni volver a ver un asesinato. ¿Es compatible? Pienso que más de lo que se podría pensar.
PARTE 4 — Eres mi herida, supongo que mataré a otra persona. / El asesino gentil, una profunda, profunda noche.
El problema al decir “la violencia no es la solución” es que hay violencia altamente organizada que ya existe y es perpetrada contra nosotres cada día a distintos niveles. Todo lo que estás haciendo es aceptar la violencia como una parte de la vida y demonizando cualquier autodefensa contra ella.
Tuit de No$hu (@Noshu4me)
Me gusta el sadismo cuando existe en la distancia de la ficción y participa en formas grotescas de espectáculo. Me interesa el sadismo en las ficciones sexuales cuando plantean preguntas importantes sobre qué y cómo se conforma el deseo. Me gusta el sadismo cuando provoca pensamiento y crea fugas dentro de los sistemas de opresión. No me gusta el sadismo cuando convierte el genocidio en un espectáculo europeo. La alegría puede ser muy sádica, incluso cuando la alegría viene de los lugares políticamente bienintencionados.
Mientras sigan muriendo y masacrando a una población cualquier celebración, por cínica y superficial que sea, esconde incomprensión y distancia con las víctimas —no el soldado israelí que acaba de matar, sino la persona palestina que se ha visto obligada a defenderse—. Quiero grupos terroristas organizados que acaben con las fuerzas israelíes que ocupan Palestina —quiero, de hecho, en general más grupos terroristas—, pero incluso si se consigue la liberación y la historia encuentra algún tipo de resolución positiva, esto no ajusticiará los miles muertos. Una Palestina descolonizada seguirá siendo, a día de hoy, una Palestina destruida por los intereses occidentales. Incluso si este es el mejor escenario, ¿se trata de una victoria? Ojalá llegue el día de la celebración de Palestina, quiero confiar que eventualmente ese día llegará, pero no será una victoria, sólo el fin de una tragedia. Además, la OTAN seguirá existiendo, el capitalismo seguirá existiendo y otro genocidio será inminente. ¿Alegrarme por la muerte de un israelí? ¿Soltar un chiste sobre los bombardeos iraníes en Israel? No hay nada en ello más que pena, dolor y tragedia por lo que jamás debió haber pasado y por lo que tristemente se repetirá mientras vivamos bajo el sistema capitalista.
Mataron a Shinzō Abe. Las últimas elecciones japonesas las ha ganado otra ultraderechista seguidora de sus ideas. Que colgaran a Benito Mussolini bocabajo fue un hitazo, pero no impide que Meloni sea presidenta de Italia en estos momentos. Como persona trans, que Charlie Kirk sea asesinado por otro tío fascista es indiferente en mi vida. Quiero el fin de la transfobia, que es lo único que podría darme algún tipo de tranquilidad, y eso puede pasar por la violencia organizada, pero, sobre todo, por eliminar los sistemas de opresión de género que reproduce el capital. Eso es terrible: saber que matar a toda la gente tránsfoba no acabará con la transfobia, ni matar a todos los colonos necesariamente acabará con los procesos coloniales y, que aún así, haya gente que vaya a tener que matar por sobrevivir. La muerte de unos individuos no libera a nadie cuando es todo un sistema el que ataca. Todas las tumbas de soldados israelíes, como la tumba de los soldados alemanes y japoneses, son el recordatorio de los horrores que sucedieron mientras estuvieron vivos y, aún así, el horror ha vuelto con nuevas y mejoradas formas de exterminio. Porque mientras tanto, las muertes de todos los palestinos, las muertes por violencia de género, las muertes en entornos laborales, los asesinados por disidencias políticas, las muertes por transfobia, las muertes por racismo no son el resultado de la acción de alguien que puedas matar, sino de un modelo de producción común que acaba con la vida humana día tras día. Puedes pensar que eres capaz de mirar a los ojos a la persona que te está matando, pero es una ilusión. Mientras el sistema capitalista viva, una muerte sólo sirve de antecedente para la siguiente.
Matar con alegría en el corazón es de fascistas; el proletariado mundial mata con la pena del asesinato que ha cometido, de la opresión que ha vivido y sabe que la lucha no parará hasta que todo el sistema haya caído. La violencia puede ser necesaria, pero nunca deseada, ni celebrada.
No hay tumbas sobre las que bailar. Esos cementerios que pisamos, aunque sean del enemigo, son la tragedia de la historia.

えを満たす / 沈黙の鳥は飛び去った 夜の言葉は溶け落ちた / 誰もお前がとどまることを望んではいない / 黒い恋人達はすべてが死に絶えた岸辺にたどり着く / すでに黒い烙印を刻みつけられた / お前の両手に血の川を渡り虚無の一滴を飲み干した時 / お前に最初である名前が名付けられるだろう / お前は俺の傷口 俺は誰かを殺すだろう / やさしい暗殺者の とても深い夜
Profunda, profunda noche… / Siento como si hubiera matado a alguien. / ¿Qué podría satisfacer tu hambre? / Alguien más sueña contigo, pero tú no sueñas con nadie. / ¿Qué podría satisfacer tu hambre? / Las aves del silencio se alejaron volando, las palabras de la noche se hundieron. / Nadie desea que te quedes aquí. / Los amantes oscuros finalmente llegan a la playa donde todo ha muerto. / Él ya ha grabado un símbolo negro en mí. / Cuando cruce el río de sangre en tus manos y hayas tragado una gota de nada, / por fin te darán un nombre. / Eres mi herida; supongo que mataré a otra persona. / El asesino gentil, una profunda, profunda noche.
夜、暗殺者の夜 (La noche, la noche del asesino), Les Rallizes Dénudés

