La revolución se combate con imágenes

En cada calle, cada asamblea y casi cada tienda de campaña de ese microestado libre y bello construido en la Puerta del Sol de Madrid aparece un cartel: No fotos. No photos. La revolución en nuestro tiempo se hace sin imágenes. Pero anoche, sobre la manifestación de las juventudes socialistas, tres drones, silenciosos ellos, delatados solo por las luces de posición. Tres drones que tomarán fotografías de a saber quién, con a saber qué resolución. Almeida desconectó la imagen en directo de las cámaras de Sol para negarle cualquier publicidad a la acampada, pero esas cámaras siguen grabando en silencio todo lo que ven. Imágenes operativas que permitan entender aquello que pasa dentro sin estar dentro, comprender las dinámicas producción y reproducción de este nuevo espacio, registrar rostros y establecer una base de datos. La revolución se combate con imágenes.

En un edificio de la plaza había un cartel de Movistar + cubriendo una fachada, donde anunciaban tres películas de la plataforma: El Ser Querido, La Bola Negra y Los Domingos, cada una, a su modo, ofreciendo un rostro diferente de la naturaleza conservadora de esa plataforma. Se habla estos días de la vasta distancia que separa el Congreso de los Diputados del sentir de la sociedad, aunque este se encuentre a pocos cientos de metros de la asamblea. Lo mismo podría argumentarse con el cine y ese cartel que dominó durante unos días la plaza desde las alturas, donde se leía: “Ganamos o ganamos o ganamos”. Una plataforma que no habla de sus películas, sino de sí misma, de las posibilidades que tienen sus producciones de alcanzar los Oscar. Un cartel semejante con el que Joan Laporta anunció su Segunda Venida al madridismo: “Ganas de volver a veros”. Imágenes imperialistas —porque ocupan el espacio público y orientan la mirada— que se comunican solo entre sí, indiferentes a cualquier cosa bajo ellas. La revolución se combate con imágenes.

Un cuchillo y un bote de hummus del Mercadona: ¿bodegón precario o imagen revolucionaria? La derecha siempre encuentra la forma de hacer que cualquier lucha justa parezca más épica y peligrosa de lo que es. Deberían ser un espejo en el que mirarse. Esos cuatro mendrugos de pan seco, el tamaño impropio del cuchillo, ese punto de vista de incautación policial. Todo parece tener bastante guasa, pero de guasa ninguna. La inocencia de la imagen se disimulará con titulares, con vídeos y con noticias diversas sobre la violencia del movimiento. El bodegón no es una imagen para los acampados, sino para la gente que se encuentra alrededor, que no está dentro y solo puede imaginar las formas en las que se articulan esta clase de procesos. John Berger explicó cómo el bodegón representaba la riqueza del comisionado de la pintura y “su estilo de vida”. Formas de representación que se repiten cada siglo. La revolución se combate con imágenes.

Vuelvo al inicio: carteles que ruegan no tomar fotos de los rostros de los acampados y manifestantes. Carteles dirigidos a la gente que dicen: si no formas parte de esto, no pasa nada, pero no formes parte de lo “otro”. Hay tal saturación de imágenes que registrar lo que ocurre ya no es una de las tareas más importantes de estos movimientos. Es preciso documentar, pero ese proceso puede hacerse en privado; no se necesita interpelar al ojo público de forma activa. La mera ocupación del espacio público es suficiente. Ese acto es a la vez un acto de visibilidad, una transformación inmediata de la acción en imagen. La interrupción en la circulación de capital produce un desborde en la producción de vídeos y fotografías. Una operación se compensa con la otra, y la reacción se produce desde ese punto: tenemos el registro documental, ahora tenemos que transformarlo en el registro propagandístico. “No photos”, porque las fotos nunca fueron objetivas ni suficientes. El fuera de campo no solo deja fuera otros objetos, también deja fuera el tiempo. Las imágenes de la acampada la presentan como hecho, no como proceso. La negación del proceso es el objetivo porque la imagen se transforma en prueba. Extraer la complejidad de las imágenes es el primer paso para operar sobre ellas; sintetizarlas en una serie de elementos: un cuchillo, un puño, un gesto. El análisis del sonido opera de forma semejante: debe transformarse la señal en una serie de elementos discretos para poder trabajar sobre ella, con el cuidado de establecer intervalos suficientes para que el ser humano no perciba la diferencia entre la grabación y el directo. El engaño que permite embalsamar el sonido. Gil Scott-Heron grabó The Revolution Will Not Be Televised en un tiempo en el que sabía que una imagen valía más que ninguna. Ahora se canta lo contrario y se dice: ¡Cuidado! La revolución será televisada.

There will be no pictures of pigs shooting down
brothers in the instant replay
There will be no pictures of pigs shooting down
brothers in the instant replay
There will be no pictures of Whitney Young being
run out of Harlem on a rail with a brand new process
There will be no slow motion or still life of Roy
Wilkens strolling through Watts in a Red, Black and
Green liberation jumpsuit that he had been saving
For just the proper occasion

Green Acres, The Beverly Hillbillies, and Hooterville
Junction will no longer be so damned relevant, and
women will not care if Dick finally gets down with
Jane on Search for Tomorrow because Black people
will be in the street looking for a brighter day
The revolution will not be televised

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