Santiago Olmo: «El CGAC resistirá»

Lo que en primer lugar se recoge es una conversación mantenida con Santiago Olmo el día 22 de septiembre de 2025. Por diversos factores su publicación se ha ido procrastinando durante meses hasta este momento, finales de mayo de 2026. En ese tiempo han pasado muchas cosas: a mí me robaron el ordenador y he tenido que volver a transcribir la entrevista; a Santiago Olmo la Xunta de Galicia le rescindió el contrato el 2 de abril como director del Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela. Al poco nos llegaba la noticia, hace más de un mes y medio, de la apertura del proceso de selección de una nueva figura para la dirección del museo. Una decisión bastante polémica, denunciada por malas prácticas por buena parte del sector, que ponía fin a un periodo de casi once años al mando de la institución.

Siempre que se hace algo de nuevo se hace de forma diferente. En este caso, parecía evidente la necesidad de desviar el sentido original de aquella conversación de hace unos cuantos meses para ampliar la entrevista con una serie de preguntas que permitieran al ahora exdirector del museo dar cuenta, de primera mano, de la situación actual de la institución que hasta hace nada dirigía, de la suya propia y del devenir del sector artístico-cultural local en manos de una cierta gestión política que parece más interesada en generar una marca de Galicia que en apostar por verdaderos espacios de pensamiento crítico donde abunde la complejidad, la sensibilidad, el discurso.

Algo en lo que me fijo al volver a transcribir la entrevista, al escuchar de nuevo a Santi –quien tiene una larga trayectoria como crítico de arte y comisario–, es en la carga profética de sus respuestas. Melancólico, hablaba ya hace unos meses en pasado, con la falta de fuerza que provoca el desgaste sostenido en el tiempo. Acabó en aquella primera conversación afirmando que él estaba de paso en el CGAC, que su intención nunca había sido quedarse ni, por supuesto, sacar un rédito personal a través de sus decisiones institucionales (algo que parecían insinuar ciertas figuras), sino nutrir el tejido cultural gallego. Eso lo ha hecho con creces. Gracias a él, a directores previos y a muchísimos profesionales que han trabajado en el museo, el CGAC ha sido una institución muy relevante, con una larga trayectoria y una infinidad de exposiciones de gran calado.

Ahora que nos asusta su porvenir, el del museo, el de la escena artístico-cultural gallega, el de sus políticas culturales y sus espacios de encuentro, creación, reflexión, intercambio (un repliegue conservador que puede leerse como una tendencia patente de las políticas culturales en muchos contextos de nuestro país), recogemos esta conversación escindida en dos tiempos. Más centrada en su primera parte (resultado de la conversación de septiembre de 2025) en trazar un recorrido genealógico de la institución y su colección, y en plasmar una radiografía crítica de la escena local y nacional en relación a las artes visuales, aterriza en su segunda mitad (resultado de la conversación de estos últimos días) en un presente marcado por la destitución del propio Santiago y la designación de Eva López Tarrío como nueva directora, después de que otros dos de los candidatos para este puesto protestaran en redes ante esta insólita decisión, carente de fundamento –algo que también ha reseñado la prensa, destacando la enorme diferencia de méritos y currículum vitae de estas figuras en relación al perfil escogido finalmente–. Se trata de una entrevista articulada en dos tiempos para la conversación y tres escenarios institucionales: pasado, presente y futuro del CGAC. Una panorámica que nos permite comprender (y denunciar) las estrategias perpetradas para efectuar un desmantelamiento museístico flagrante y un viraje perverso de las políticas culturales en Galicia.

Septiembre de 2025

¿Qué balance haces de tu recorrido como director del CGAC?

El CGAC, que cumplió 30 años en 2023, es un museo que ha tenido muchos altos y bajos en términos de dotación económica y capacidad ejecutiva. Una buena dotación económica permitió en otros momentos –no en este– que fuera un museo absolutamente puntero. El reto ha consistido, por tanto, en pensar constantemente cómo continuar con ese proyecto que fue vanguardista, pero contando en cambio con un presupuesto de compras muy reducido que no permitía continuar con una colección que se planteó como una colección de primer nivel. Al menos hemos conseguido pasar en los últimos años de un presupuesto muy pequeño a un presupuesto más o menos razonable. Para mí siempre ha sido muy importante trabajar en ampliar la colección e intensificar líneas de investigación que estaban desde el inicio del museo, así como colaborar con otras instancias, como la Facultad de Historia de la Universidad de Santiago o la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Pontevedra.

Por otra parte, hay que tener en cuenta también que Santiago de Compostela tiene una población de 90.000 habitantes. En los últimos años las ciudades más pequeñas de nuestro país han sufrido un embate por parte de los medios, que se han ido fijando cada vez más en los blockbusters y en las grandes ciudades: Madrid y Barcelona, también Valencia y Bilbao… Esa invisibilización de la “España pequeña” ha hecho que el trabajo que se hace en estos museos se vea, de alguna manera, disminuido. Sobre este desafío siento una cierta decepción, porque considero que no he conseguido que la Xunta de Galicia entienda que el CGAC es tan importante en España y en Galicia como para ser una fundación o actuar de una manera mucho más ágil, con una personalidad jurídica propia que le permita estar en la misma conversación que los grandes museos en España.

Esa agilidad a la que te refieres es coherente con la propia naturaleza de la institución a la que nos referimos: el museo de arte contemporáneo…

Exacto. El verdadero problema es que hemos llegado a un punto en el que la cultura ya no es central. Esta ha sido momentáneamente centro de atención en algunas etapas de la historia reciente de España, pero ya no. Esto constituye el drama de las artes visuales en España: las grandes empresas y las élites económicas consideran sospechosas a las artes visuales, mientras que la izquierda (todo un movimiento de pensamiento político de la izquierda que proviene de las universidades), considera que las artes visuales son elitistas. Esto es algo anómalo en Europa; no hay nada semejante. Por ejemplo, por poner el caso de un país cercano a nosotros con una historia más o menos parecida, en Portugal sí hay un consenso entre la nueva izquierda y la derecha más conservadora en cuanto a que las artes visuales son un patrimonio público irrenunciable. Eso hace que Portugal esté mejor posicionado en términos artísticos que España, teniendo un panorama mucho más reducido –también por las dimensiones del país–. En España sufrimos este doble ataque, de la derecha y la izquierda, que piensan en realidad más o menos lo mismo.

¿Cómo y por qué hemos llegado a esta situación?

Se trata de un problema de cultura política. La cultura política española está determinada por la catástrofe del franquismo, que acabó con la cultura liberal burguesa, que alimentó de alguna manera la IIª República, mientras que la izquierda igualmente arrasó con su propia tradición cultural –también en las artes visuales–. Ese trauma no digerido, ese desprecio generalizado por la cultura, tiene que pasar factura, y está pasando factura.

¿De qué salud dirías que goza la escena artística gallega?

La escena artística gallega sufre un problema gravísimo de visibilidad. Galicia es un sitio que está lejos. Pero, ¿lejos de dónde? Lejos de todos los lugares. Es una esquina. Hay muchos espacios en España que están lejos: Canarias, Baleares… Hay muchos extremos, pero Galicia está mentalmente lejos de otras capitales. Además, es un territorio que en la crisis ha sufrido enormemente porque a partir de este momento desaparecieron muchísimas galerías que dejaron huérfanos a muchísimos artistas. Igualmente, algunas políticas de ARCO dejaron fuera a muchas galerías, no solo de Galicia, sino de otros territorios. De alguna manera, quedó invisibilizada toda esa escena.

Por otra parte, las instituciones gallegas tampoco tenemos una gran capacidad para llegar a los medios nacionales. Llegamos por insistencia, tratando de establecer conexiones directas. Pero no es sencillo porque las instituciones tienen sus propios mecanismos de promoción mediática. En el caso del CGAC, una entidad jurídica propia solventaría en gran medida este problema: el de la conexión y la relación con los medios especializados. Eso evitaría esa invisibilidad de la que te hablo. El CGAC externaliza la gestión de redes sociales pero deja en manos del gabinete de prensa de la Consellería la relación con medios. Es como si el Reina Sofía dependiera para la prensa del gabinete de prensa del Ministerio de Cultura que atiende la agenda política del ministro y del ministerio.

La situación de la escena artística gallega en este momento, y en los últimos tiempos, es efervescente pero sin canales apropiados para que los artistas salgan y para que se vean sus prácticas desde otros lugares. Nosotros hemos tratado de fomentar y apoyar la escena. Por ejemplo, cuando yo llegué, junto con la Fundación Luis Seoane, dirigida entonces por David Barro, comenzamos un proyecto para impulsar artistas gallegos de media carrera. En mi opinión la media carrera es el eslabón más frágil del ecosistema artístico dado que existen muchas posibilidades para artistas emergentes pero no tanto para artistas de media carrera; esta etapa se vive casi como una travesía del desierto. Para mí esa ha sido la función del museo: generar una estructura y abrir una serie de líneas de investigación sobre y con artistas que tienen dificultades para realizar proyectos complejos. De alguna forma ese mirar hacia Galicia nos lleva a trabajar sobre el territorio en muchas direcciones: con artistas locales, pero también con artistas de fuera.

Sobre el devenir de la curaduría y sus códigos actuales, una tendencia de estos últimos años ha sido el auge de formaciones de comisariado. Dado que precisamente tú te has labrado un camino como comisario independiente, te quería preguntar si crees que se puede enseñar a ser comisario.

Cuando yo empecé, no había un sistema estructurado de formación al respecto. Aquellos que nos interesamos por la práctica curatorial, empezamos inmediatamente por la crítica y después fuimos a ver como se hacía aquello otro (el comisariado). Se trataba de un ejercicio bastante mimético: observar e intentar hacer. De esta forma, lo que emergió en aquellas décadas, 80 y 90s, se trataba más bien de inventar una práctica.

Sin embargo, creo que una formación nunca viene mal, de la misma forma que leer mucho y formarse previamente siempre es fundamental. Leer y ver, mirar, aprender a mirar…, es algo imprescindible. Muchas veces se piensa que la web, las redes, es el lugar donde aprender y recabar información. Estas son herramientas que permiten ir más rápido, pero no sustituyen ni la lectura ni la mirada ni el aprendizaje de la experiencia. El problema actual tiene que ver con la sistematización de la enseñanza y de la pedagogía sobre la curaduría. Se han simplificado algunas cuestiones y se han generado tópicos: todo el mundo quiere hacer cosas tópicas sin encontrar su propia mirada (hacer lo que se hace). Cuando yo empecé sentíamos una gran admiración por las cosas que otros hacían, pero la clave consistía en comprobar que había otras formas de trabajar y otras miradas, otros lugares donde poner el foco que eran perfectamente compatibles, sin necesidad de que hubiera que sustituir. Hoy hay demasiadas convenciones; se ha hecho todo demasiado convencional: ¡no hay debate! 

Con las colecciones siento que sucede algo semejante. Muchas veces funcionan como colecciones de cromos. Por lo general, ha habido una tendencia a hacer, no solo lo que estaba de moda, pero sobre todo una insistencia en nombres, en tener uno de cada en la colección. Yo he tratado con la colección del CGAC de hacer conjuntos de artistas y de tener más de una obra de cada artista, de manera que se pueda ver ese acompañamiento de la institución. El museo debe ser una institución que acompaña a los artistas en sus procesos creativos apoyando a la producción, no siempre a través de exposiciones, sino también a través de muestras de vídeos o aportaciones que pueden hacer los artistas a través de cursos, conferencias…, otro tipo de acciones. El acompañamiento y apoyo debe ser el punto crucial del museo.

Alexandra Ranner. Rumor, CGAC, 2026

Tú que vienes de formarte en Filosofía y de arrancar en este sector a través del ejercicio de la crítica de arte, ¿cuál crees que la situación de la crítica hoy? ¿Dónde hallarla o provocarla?

La crítica ha perdido sus canales naturales: la prensa, las revistas… En España prácticamente han desaparecido las revistas importantes. Había una parte de debate que en un momento dado fue en gran parte reemplazada por los suplementos culturales. Sobre estos creo que, si bien desarrollan una gran labor, deberían ciertamente tener una mirada más amplia y no solo abordar ocasionalmente las cuestiones de la periferia. Me gustaría que esta fuera una dinámica sistemática y continuada en el tiempo. En la periferia también hay grandes proyectos y museos relevantes. Sucede en cambio que tenemos predilección por los grandes eventos.

Quiero aclarar que yo defiendo el modelo del gallery weekend, entendido como una suerte de fiesta que permite atraer al público hacia el coleccionismo y hacia las artes visuales. Pero ese gallery weekend debería ser permanente, más bien un hábito, para que no vayamos solo a las galerías una vez al año. Ese es el gran drama de hoy: todavía no sabemos cuál es el sistema para vehicular el debate en las artes visuales. En la literatura está claro; hay toda una serie de procesos, es un sistema mucho más armado… En las artes escénicas están los festivales. Pero las artes visuales tienen el problema de que los lugares de encuentro (las exposiciones, las inauguraciones…) han perdido su fuerza social, de alguna manera como las misas y otros rituales sociales. Todavía no se han encontrado otros espacios, medios, lugares de producción e intercambio.

En mi opinión, esta es una tarea de todos, la de reactivar los debates desde otros lugares. Considero que las redes no es el lugar, porque habitualmente generan una dinámica de “o conmigo o contra mí” y así no debería funcionar un debate. En un momento dado, en los años 60, contra las revistas surgieron los fanzines. A lo mejor en estos años podemos inventar estructuras de seminarios pequeños… Algo debemos crear para romper con esta “maldición”, pero es verdaderamente complicado porque hoy día todo es adverso: la política, los medios de comunicación, etc. Estos últimos han “asesinado” el debate, porque lo han simplificado hasta el absurdo. Así pues, el titular ha contaminado al arte que debía ser complejo, de tal forma que, actualmente, hay mucho arte que ha acabado siendo un refrito de titulares. Y esto es tristísimo.

Por otro lado, en los últimos años ha habido también una hiperteorización de ciertas prácticas artísticas. ¿Estás de acuerdo?

Las teorías están para entenderlas, no para que sean lenguajes crípticos de secta. Entonces estamos hablando de otra cosa: neolenguas restringidas para identificar sintonías ideológicas. Esto es un mal que aqueja no obstante también a los discursos universitarios. Hay un lenguaje de investigación que resulta insoportable. Los libros y las tesis habría que leerlas de manera gozosa. No de manera en la que te estén diciendo: “si no lo entiendes, eres idiota”.

En muchas situaciones es preciso afinar, pero esto no implica ser incomprensible. La cuestión es que el debate debe ser argumentado y contener la complejidad, pero también ser capaz de desmenuzar aquello que se nos presenta como complejo. Cuando se emplean estos lenguajes tan crípticos, en muchos casos es para que no se entienda lo que se está enunciando, porque en realidad no se está diciendo nada importante.

Al inicio hablabas de cierto desencanto o decepción con respecto de estos últimos años del CGAC… ¿Qué te pesa?

A mí me habría gustado transformar esta institución en un museo abierto y en un museo con personalidad jurídica propia que pudiera hacer concursos públicos en dirección y tener una flexibilidad de contratación de excelencia. Y aquí aparece un tema peliagudo: la estructura del empleo público no es siempre un empleo de exigencia, de currículum vitae, de esfuerzo, de trayectorias…, sino todo lo contrario. Me habría gustado que el CGAC hubiese crecido y se hubiera emancipado. Cuando hablo de “emancipación” me refiero a tener la personalidad de museo-centro de arte. Eso es lo que es: un museo porque tiene una colección y un centro de arte porque funciona a través de una programación de actividades y de exposiciones. Si se reconoce que es eso, debería ser una fundación que le permitiera una cierta flexibilidad para hacer determinados proyectos de producción artística que la institución no los contempla administrativamente de manera fluida y reconocida, sino excepcional con procedimientos complejos y muy restrictivos.

¿Por qué no funcionan las instituciones artísticas y culturales españolas? Porque no tienen suficiente autonomía para operar de una manera más flexible. Aquí ha habido muchas discusiones desde la derecha refiriéndose a los museos como “chiringuitos” y que esto se permita y reitere es nefasto. Un museo no es un chiringuito. Lo que se hace es trabajar de otra manera, pero es una entidad hipercontrolada, con comités, filtros, etc. Hay un descrédito deliberado de la cultura desde todos los frentes, como si fuera algo horrible, vergonzoso, delictivo. Vivimos en un país que odia la cultura y la desprecia. Volviendo a tu pregunta, tengo una cosa melancólica, que no se debe a la edad, sino al fracaso de no haber conseguido hacer comprender a una institución como la Xunta de Galicia de que el CGAC tiene una historia y una potencialidad enorme. Ellos están concentrando todo su esfuerzo en otras cosas (en la Ciudad de la Cultura, en el Museo Gaiás, etc.) y yo no les voy a poder convencer. Cuando les veo les digo: “esto es para vosotros”, “yo aquí estoy de paso…”. El problema es que no creen en la fuerza de las instituciones culturales. Mi melancolía viene de no entender cómo es posible que después de treinta años, en los que hemos hecho exposiciones magníficas y donde se veía todo el trabajo que había hecho el CGAC, siga habiendo esta desatención e indiferencia.

Concha Jerez / José Iges. Resignificaciones. CGAC, 2025

Mayo de 2026

En la conversación que mantuvimos en septiembre del año pasado ya mostrabas tu cansancio ante ciertas resistencias de la Xunta. Parece que ha habido una desatención sostenida en el tiempo con el CGAC –que en cambio contrasta mucho con el trato que han recibido otras instituciones culturales gallegas–. ¿Crees que ha sido esta una actitud o estrategia intencionada? ¿Un progresivo desmantelamiento del CGAC?

Por lo general, las instituciones políticas en España suelen considerar a sus propias instituciones culturales como herramientas a su servicio en lugar de instituciones que deberían ser y desempeñar un servicio público. Las administraciones españolas, que no han adaptado mecanismos adecuados al tipo de actividad que realizan las instituciones culturales, se han convertido en otra herramienta más de control político. Pero además con el estallido de las guerras culturales está servida la desconfianza hacia todo lo que no se controle de manera férrea y sólida, es decir por ley, y además si se trata de cultura contemporánea podemos añadir un plus de rechazo y de sospecha. Ahí creo que radica la desconfianza de que una institución cultural pública pueda mantener independencia aún con todos los controles debidos a los presupuestos públicos.

El asunto nuclear es el control total, hay una negación del debate y un deseo de que prime la voluntad jerárquica. Un director funcionario elegido ad hoc no discutirá nada y asumirá las decisiones tomadas jerárquicamente en otros despachos. Los profesionales del arte contemporáneo lo primero que harán será defender la institución museo y aportar ideas y soluciones que beneficien y defiendan el museo como un espacio de servicio público, tal y como hemos hecho todos los directores de este museo.Por ello hay siempre un deseo de control que va más allá de la tutela, en este caso también.

Pero antes de nada me parece es necesaria una aclaración: el manifiesto SÓS CGAC de la Asociación Cultural Vegliota, incomprensiblemente, contiene datos erróneos que son fácilmente contrastables. Por ese motivo no he suscrito el manifiesto, aunque estoy completamente de acuerdo con el fondo: el sistema de elección de dirección no es el adecuado y constituye un error que va a dañar reputacionalmente al centro.

Aclaración de los hitos:

La disolución del Patronato y su sustitución por un Consejo Asesor coincide con la primera reformulación la RPT (Relación de Puestos de Trabajo) de la Consellería de Cultura entre 2016 y 2017, abriendo al actual sistema de selección y planteando también la supresión de dos plazas que no tenían posibilidad de consolidación. Una estaba vacante en el departamento de actividades y la otra ocupada por una coordinadora de exposiciones, pero no existía desde 2009 ni puesto de curador jefe ni posibilidad de externalizar en una agencia o en un profesional de comunicación la relación con los medios.

Todos estos problemas se trataron en las reuniones de Patronato y desde mi posición señalé en todos los foros y lugares públicos, en entrevistas a medios, debates, declaraciones, ruedas de prensa, jornadas, seminarios, congresos y conferencias, tanto el perfil de dirección con un funcionario/a de libre designación, como la supresión de puestos de trabajo. Siempre he creído en que la excelencia de un equipo es preferible al aumento de presupuesto.

Por su parte, en la supresión de plazas, los sindicatos batallaron lo justo, hasta que llegaron a un acuerdo para conseguir otros beneficios en otras áreas. Siempre he reivindicado que el centro debía adquirir una entidad jurídica propia, mediante su conversión en fundación o su integración en una fundación pública ya existente dependiente de la Xunta de Galicia, para disponer de mayor flexibilidad y adaptarse mejor a sus funciones.

Por otra parte, en las premisas del manifiesto se indica además que una de las posibles causas de “este desastre” es la negligencia o desatención de las direcciones (“o desleixo das diferentes direccións”), lo que es falso porque todas las direcciones han tenido como objetivo principal defender y proteger al CGAC, y así consta en los escritos, debates, podcasts y vídeos que se encuentran en su página web.

Originalmente el CGAC era una dirección general y la conversión del CGAC en fundación, aunque estuvo sobre la mesa de la Consellería y de la Xunta en diferentes momentos, se fue cerrando poco a poco y se redujo el centro a la condición de unidad administrativa, lo que dificulta enormemente el trabajo diario que debe realizar. En cambio, la Ciudad de la Cultura fue dinamizada con una fundación de nueva creación trasvasando allí la contribución de las empresas que apoyaban al CGAC antes de la crisis. El impacto económico de la crisis en el tejido empresarial facilitó el resto.

La Colección ARCO, que estaba depositada en el CGAC, fue reclamada unilateralmente desde IFEMA a petición del CA2M de Móstoles, sin posibilidad de negociación por parte de la Xunta. En ese momento Carlos Urroz, director de ARCO, formaba parte del Patronato del CGAC. Me imagino que los miembros del patronato hablarían de este tema en sus reuniones por lo que habría que preguntar a los actores implicados y a los patronos de aquel momento, algunos de los cuales han firmado el manifiesto. Evidentemente supuso un durísimo golpe para el CGAC, pues se aprovechó la circunstancia, primero para desprenderse de un almacén externo, que en estos momentos es vital para el museo (actualmente no hay almacenes con condiciones adecuadas de climatización disponibles en Galicia), y después para reducir a mínimos inadecuados el presupuesto de adquisiciones. Al llegar en 2015, me encontré un presupuesto de 33.000€ anuales cuyo aumento paulatino ha sido una constante lucha, porque tradicionalmente ha habido escasa sensibilidad hacia la construcción de la colección. Siempre ha existido el temor de que los precios o costes elevados puedan dar mala imagen en el plano político y social, y entonces el resultado es que se desconfía de lo ambicioso y de la excelencia por su coste.

Visita a Priscilla Monge. Cuestiones de vida y muerte. CGAC, 2025

¿Con qué fines se habría realizado este desmantelamiento?

El CGAC se mostró desde el primer momento como una herramienta de modernización y de internacionalización, también como un mecanismo eficaz de la visibilización de Galicia y de sus artistas, pero aun así aparecía como un espacio incontrolable. La idea de convertirlo en fundación estuvo presente desde el primer momento, pero el entramado político y administrativo de la Xunta estuvo siempre en contra, ya que su autonomía podría hacerles perder el control total del centro o por lo menos limitarlo. Hasta 2009 no se eligieron las direcciones por concurso público, pero en estos últimos 15 años se ha podido apreciar que los directores elegidos por concurso tienen perfiles profesionales independientes, defienden las buenas prácticas y el prestigio del museo, aconsejan y discrepan de las decisiones políticas que puedan entenderse como arbitrariedades en el debate público. Tras la crisis se limitaron las fundaciones. Se cargó contra las empresas públicas como causantes del déficit presupuestario, aunque ningún museo incurrió en este tipo de situaciones. En esos años de crisis se limitó la creación de fundaciones, pero en Galicia se potenció la Ciudad de la Cultura y fue en detrimento del CGAC.

Lamentablemente en este tiempo no se ha conseguido encontrar ni un acuerdo ni un anclaje administrativo adecuado para la Asociación de Amigos que actualmente gestiona la librería del museo, y su inminente o próxima disolución significará irremediablemente la desaparición y cierre de la Librería, que es absolutamente esencial y un referente en Galicia. Esto es claramente un fracaso en el enfoque de las prioridades desde el punto de vista administrativo. 

¿Consideras que el ambicioso proyecto del CGAC, con una trayectoria más que notable, ha fracasado?

No, no lo creo. Todas las instituciones pasan por momentos críticos, por situaciones que dañan su imagen y su reputación. El CGAC posee unas bases muy sólidas. En primer lugar, un edificio de Alvaro Siza Vieira que visitan arquitectos y escuelas de arquitectura de todo el mundo y que ha demostrado en sus más de 30 años que resiste muy bien el paso del tiempo ofreciendo espacios muy flexibles y plásticos para cualquier instalación o exposición. En segundo lugar, ha tenido una historia y una trayectoria de exposiciones, publicaciones y actividades que ha sido siempre impecable. Nos podrán gustar más unas cosas que otras, pero las programaciones muestran una continuidad de líneas muy coherente. En tercer lugar, su colección, que delinea una aproximación al arte contemporáneo desde Galicia, y que a pesar de sus limitaciones presupuestarias ha ido completando un panorama muy amplio gracias a compras y donaciones por parte de los artistas. En cuarto lugar, creo que hay un sector dispuesto a defender la independencia del CGAC. En los últimos años se ha articulado mejor con una asociación de artistas que funciona y con otros colectivos desde la Universidad SC a la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, que conectan con las diversas asociaciones nacionales.

En momentos puntuales como el actual parece que todo se hunde o se degrada a puntos irreversibles, pero todo puede cambiar y enderezarse. Es más, yo estoy convencido de que lo hará con el esfuerzo y la sensatez de todos, con sentidiño.

¿Cómo puede ser que se lleve a cabo este concurso que incurre evidentemente en malas prácticas institucionales? ¿Buscan ahora un perfil en la dirección que “dé menos problemas”? ¿A qué crees que se ha debido esta decisión y cómo te ha afectado personal y profesionalmente?

El perfil que ha salido del concurso restringido de libre designación para funcionarios de Galicia no se entiende: no se corresponde con las necesidades ni con la trayectoria del CGAC. En la Nota de Prensa que ha difundido la propia Consellería aparece un CV muy parco, no hay experiencia relevante en gestión de equipos, ni en textos críticos, destaca la ausencia de comisariados y de exposiciones, así como de una trayectoria o itinerario de arte contemporáneo, más allá del que ha realizado con su propia obra como artista. Resulta tan desproporcionada la distancia entre la realidad de la candidatura y la necesidad del CGAC, que este nombramiento es incomprensible. Sería deseable y beneficioso para la transparencia que se hiciera público el jurado, así como el razonamiento del veredicto, junto a los nombres del resto de candidaturas.

Hay perfiles valiosísimos, con sólidas trayectorias y reconocido prestigio en Galicia que podrían desempeñar de manera excelente el trabajo en la dirección del CGAC. Aunque hay muchos perfiles que no son funcionarios, hay algunos otros que sí lo son. Por ello, para no generar desconcierto, alarma y por tanto daños reputacionales innecesarios para la institución, insisto: sería deseable que se hicieran públicas las candidaturas. Visto el panorama desde fuera, la impresión es que no hay transparencia.

Este es uno de los dramas más escandalosos de este sistema. La Universidad de Santiago de Compostela forma en historia del arte y en arte contemporáneo como especialidad, pero solo podrían acceder a puestos en museos o centros dependientes de la Xunta si se inscriben en listas de empleo donde no se valora ni una especialidad ni idiomas extranjeros, como el inglés que en el medio contemporáneo es imprescindible. Si quisieran convertirse en funcionarios de museos, tienen el problema de que hace muchos años que estas oposiciones no se convocan y parece bastante incompatible especializarse en arte contemporáneo, escribir, investigar, comisariar, y hacer una oposición generalista para poder acabar en un centro arqueológico o en un museo del vino. Por ejemplo, para cubrir plazas de técnico de museos en el CGAC no se exige nada relacionado con el arte contemporáneo, tampoco se valoran otros idiomas. En lugar de la excelencia se busca el mínimo imprescindible. No es una buena administración de recursos humanos, aunque sea la reglamentaria. En ese caso habrá que cambiar legislativamente las normas, y creo que habría consenso.

En estos años se han ido realizando diversas modificaciones administrativas para restringir el puesto de dirección del CGAC a funcionarios mediante la libre designación.  La exclusión de los contratos de alta dirección en la administración impide un concurso público internacional, abierto y profesional. Esta situación se podría cambiar naturalmente pero falta creer en el proyecto, voluntad política e interés de que el CGAC funcione de manera más flexible y autónoma con todos los filtros y controles pertinentes. De ese modo se situaría como otros museos de su nivel en España, desde el MACBA, al IVAM o el Reina Sofía. También en este tiempo se ha ido limitando las atribuciones de la dirección, se ha ido dando más peso a la gerencia, se ha eliminado el Patronato (que no tiene cabida en una entidad que no sea Fundación, según la ley), se ha excluido a la dirección tanto de la contratación de personal como en la conformación efectiva de los equipos. Este proceso ya se inicia con mi propio contrato que es el último que se firma con características de alta dirección en museos sin entidad jurídica propia. Hay casos en otras comunidades autónomas y centros muy relevantes en los que las contrataciones han tenido un carácter mercantil como trabajadores autónomos y en otras dentro de la categoría de asesores. Cuando las leyes no se adaptan a las necesidades, pueden cambiarse mediante negociaciones y procedimientos transparentes, pero hace falta voluntad e interés. Desde mi punto de vista, este aspecto debería ser abordado como una cuestión de estado en todas las comunidades autónomas con el amparo del Ministerio de Cultura.

En este caso concreto, circula una interpretación, que comparten muchas personas en Galicia: 2027 es año Xacobeo, se mueve mucho dinero en proyectos y conciertos, y es una excelente oportunidad para controlar un espacio como el CGAC sin las interferencias de una dirección con criterios propios. Aunque en el último año había estado programando y trabajando en proyectos para 2027 por indicación de la propia Consellería, el día en que recibí la notificación de la rescisión de mi contrato, también se me indicó que se anulaba toda la programación en la que estuviera trabajando para 2027, así como la mayoría de adquisiciones para una exposición programada de la Colección que tenía por objetivo plantear una formulación de colección permanente para el CGAC. El perfil de la nueva dirección parece propiciar en cambio una programación más del gusto e interés de la Consellería, para atender a sus prioridades y compromisos, con la intermediación de agentes externos.

Montaje de Guerrilla Girls. Portfolio Compleat, CGAC, 2023

¿Cuál pronosticas que va a ser, en base a este escenario, el futuro del museo? ¿Qué tipo de proyectos, actividades y muestras va a acoger?

Esta situación es muy incierta sin duda. Para este 2026 la programación está cerrada. Las actividades programadas en cambio han sufrido modificaciones y se han anulado muchas propuestas, no entiendo bien por qué.  En el momento de la rescisión de mi contrato me ofrecieron que continuara con los proyectos que estaba comisariando. Acepté solo aquellos en los que llevo trabajando desde hace tiempo y en los que mi participación como comisario supone una especial significación: la muestra sobre la documentación de lo urbano en Galicia que está desarrollando desde 2025 Manolo Laguillo y que en su totalidad pasará a la colección (en octubre 2026) y una investigación sobre la relación entre Camilo José Cela y Enrique Palazuelo en Nuevas escenas matritenses (en marzo 2027), que se concretó en una serie de fotolibros y cuyas fotos, muchas inéditas, pertenecen desde 2017 a la colección del CGAC.

La exposición sobre la colección que tenía prevista para junio, comisariada por mí, con la participación de Agar Ledo y Pedro de Llano, no se va a llevar a cabo tal y como estaba concebida. No me parecía coherente comisariar desde fuera de la dirección del museo una exposición con la que se pretendía ofrecer una posible colección permanente para un centro que nunca la ha tenido expuesta de esta manera. Por ese motivo se prolongaba desde junio 2026 a marzo 2027, y pretendía introducir al espectador en cómo el arte contemporáneo ha crecido en Galicia y cómo se relaciona con las líneas internacionales. Estaban previstas varias adquisiciones y algunos depósitos muy relevantes, pero hubo que anular todo. En su lugar se presentará una muestra de la colección comisariada por Sara Donoso, que en estos últimos años comisarió varias exposiciones de la colección entre 2021 y 2022, dos organizadas desde el CGAC, pero presentadas en Ourense y en Vigo, y otra en el propio museo, de manera muy responsable y profesional.

En septiembre de 2026 se abrirá una exposición de Jannis Kounellis coproducida con Es Baluard de Palma y comisariada por su director David Barro. Y, para 2027, estaba trabajando en diversos proyectos, entre otros había algunos muy avanzados con Miralda, sobre la comida y lo sagrado en Galicia; también con Soledad Sevilla; y una revisión del trabajo de Ricard Terré en Galicia, de quien se adquirió un importante conjunto de fotografías completado con una generosa donación por parte de los herederos. También estos proyectos quedan anulados, a la espera de que decida una nueva programación la nueva dirección.

Me imagino que, siendo 2027 año Xacobeo y al circular dinero extra, será el momento de que se entrelacen las programaciones con la Ciudad de la Cultura tal y como indican en la reciente NP de la Consellería, quizás con individuales de escultores o pintores gallegos junto con exposiciones colectivas de otros perfiles distintos a las que se han venido realizando hasta ahora. Entiendo que en toda esta operación de recambio, a la carrera, hay una necesidad de abrir el CGAC a un sector artístico gallego que quizás ha podido no estar representado en las anteriores programaciones por estar menos conectado con la actualidad nacional e internacional. Ese sector puede encontrar en la nueva directora un punto de apoyo y una legitimación.

¿Qué puede ocasionar esta deriva en la escena artística gallega y en las instituciones artísticas? ¿Cómo combatir esta inercia?

En todas las políticas culturales se dedica un esfuerzo a sostener los planos clientelares de apoyo político, que a veces son discretos y en otras ocasiones son abiertamente descarados. En las grandes programaciones culturales de las grandes ciudades, la existencia de una pluralidad de circuitos diluye estas dinámicas. En cambio, en un territorio como Galicia, estos fenómenos se agudizan porque faltan circuitos de diferentes niveles que se complementen de manera fluida. Hasta ahora la Ciudad de la Cultura ha desempeñado un papel muy flexible acogiendo, en un espacio muy “prestigiado institucionalmente”, muestras de artistas gallegos muy apreciados por sectores de gustos tradicionales y criticados por los sectores más modernos, junto a exposiciones de compromiso institucional, de intercambios y colaboraciones con empresas o bancos. En este sentido el CGAC se ha visto beneficiado al no verse presionado u obligado a tener que acoger este tipo de muestras. Hay ejemplos de este tipo de situaciones, como la exposición de Gabarrón que tuvo que acoger en 2020 el Museo Patio Herreriano de Valladolid pese a las protestas de su director por ser un artista de dudosa calidad y reputación (aunque contaba con el soporte de la ONU y la imposición del Ayuntamiento de Valladolid, institución titular del centro) para una exposición que celebraba el 75 aniversario de la organización mundial.

Pero, por otra parte, mientras la Ciudad de la Cultura fue bendecida como fundación, recibió aportaciones de empresas que antes recibía el CGAC y ha recabado todo el apoyo institucional de la Xunta de Galicia con la presencia de presidentes y conselleiros en cada acto, con prensa y publicidad en todos los soportes, con coberturas mediáticas de televisiones, el CGAC ha sido relegado a un segundo plano, sus presupuestos no han aumentado y la institucionalidad es débil, las palabras de apoyo no se traducen en soporte tangible (ni en más presupuesto ni en más colección ni en más publicidad ni en más autonomía).

Para combatir estas inercias es necesario que haya cambios. En 2023, coincidiendo con el 30 aniversario del CGAC, planteé que pudiéramos colaborar las dos instituciones en la celebración, con una misma exposición en dos partes y en dos sedes: Trabajo en Equipo. 30 años del CGAC. Fue una experiencia extraordinaria puesto que propició que los equipos se trataran y se conocieran, que compartieran el proyecto y hubiera empatía entre ellos. Fue un éxito y dejaron de tener “envidias, suspicacias o rencores”, porque entendieron que se puede colaborar. Otra cosa es supeditar un espacio a otro. Pero la idea de colaborar entre ambos espacios ya fue ensayada con éxito en ese momento, aportando el CGAC su colección y su excelente equipo en colaboración con otro equipo complementario e igualmente profesional.

Con el objetivo de que las personas que trabajaban con el CGAC conocieran bien cómo es el trabajo en un museo, cuáles son sus problemas y su complejidad, al llegar a la dirección del centro organicé para el día mundial de los museos diversas visitas guiadas, realizados por mí, para personal directivo y administrativo de la consellería y para los sindicatos. En la visita para el personal de la Consellería acudieron siempre (únicamente) la gerente y la directora artística de la Ciudad de la Cultura, mientras que en la de los sindicatos nunca se presentó nadie. Ante este éxito solo lo hice dos años.

Debe haber cambios en la percepción del CGAC, no solo desde el plano institucional y político, también desde la ciudadanía. Hasta ahora se ha tendido a considerarlo un campo de batalla para las guerras culturales y eso distorsiona todo. Hay que entender cuál es el terreno en el que se desenvuelve el CGAC.

Por otra parte, el sector cultural gallego y nacional se ha volcado para denunciar esta cuestión. ¿Esto puede tener algún tipo de consecuencias? ¿Cómo te ha llegado e impactado este apoyo?

Ya había advertido a la institución en múltiples ocasiones que una protesta como esta podría ocurrir si se mantenía una fórmula de selección opaca que no tuviera en cuenta a perfiles de excelencia y de consenso general en una convocatoria abierta, que todo ello dañaría al museo y a su reputación e imagen pública. Lo he dicho por activa y por pasiva, desde hace mucho tiempo. Las cosas han cambiado mucho en los últimos años, hay mayor sensibilidad y no se puede aludir a la transparencia y no publicar las candidaturas. Es una respuesta contundente que debería hacer reflexionar a la institución, puesto que seguir hacia delante sin más puede llevar a un desgaste que a corto plazo será muy negativo para la institución y para el museo. Cuando se anunció el proceso de selección, el público dejó de ir al museo. Y eso es negativo para el museo, que acaba siendo la víctima. El museo y sus actividades y programaciones no son responsables de decisiones administrativas de la Consellería. Además, de la misma manera que se ha legislado para seleccionar a un director funcionario, se puede legislar para hacer del CGAC un ente autónomo y tener concursos públicos abiertos e internacionales. Esa es quizás la solución y debería pasar por una actuación de estado y de consenso. El CGAC es demasiado importante como para tratarlo como un centro cultural cualquiera.

Me ha parecido muy pobre y tardía la reacción política en el Parlamento de Galicia por parte de la oposición del PsdeG-PSOE y del BNG: no se puede tirar piedras contra el CGAC y sus últimos directores porque gobierna el PP sin más. Critican los programas sin verlos ni analizarlos, no se argumenta nada, solo se critica y se destruye. Como si las programaciones no hubieran sido abiertas. Esta estrategia de tierra quemada es muy negativa.

Así actúa también una parte del sector del arte contemporáneo en Galicia: critican al CGAC sin ir, ni visitar, ni ver y lo hacen desde las redes sin argumentar, solo descalificando. En estos años el museo ha estado abierto a debates y estas personas nunca han planteado críticas públicas argumentadas. Así es difícil construir una escena artística y un debate público, pero tengo claro que el CGAC, por cómo es hoy, resistirá. Hace falta que las cosas cambien, que se entienda que el CGAC debe emanciparse.

INTERNALITIES. Arquitecturas para un equilibrio territorial. CGAC, 2026