Las estéticas tempranas de Internet tienen algo fantasmal… ¿Crees que Internet es un espacio privilegiado para pensar el tiempo?
Internet altera nuestra percepción del tiempo. Ha ido acumulando una enorme cantidad de materiales procedentes de distintas épocas, culturas y fuentes antiguas, convirtiéndose en una especie de vasto repositorio de la cultura y de la expresión humana. Lo que pasa es que el hecho de tener todos esos materiales culturales siempre disponibles nos da la sensación de que todo está presente de forma similar y ecuánime, porque podemos acceder a ello. Y, por supuesto, podemos acceder virtualmente a distintos periodos históricos y culturas diferentes, y no es lo mismo que la experiencia real de estar en un lugar determinado, en un momento concreto. Pero psicológicamente nos produce esa sensación de poder viajar, una especie de viaje en el tiempo a través de sonidos, textos e imágenes.
Antes teníamos bibliotecas, películas y otras formas de documentación, pero no era tan fácil, tan accesible ni estaba todo reunido en un mismo lugar. Ahora basta con conectarse a Internet, elegir aquello que te interesa y recrear casi por completo la atmósfera de un momento específico, como la sensación de estar en un castillo escocés del siglo XIII, con la música adecuada y cierta vibe.
También está el problema de la velocidad. Todo se acelera. Vivimos en un presente extremo porque todo cambia constantemente, y sentimos la necesidad de permanecer siempre actualizados. El pasado se convierte en una idea muy extraña. Además, no tenemos tiempo para decidir qué queremos conservar y qué queremos dejar atrás. Y la Historia, hasta ahora, ha consistido en seleccionar qué recordar y qué olvidar. Internet realmente no nos permite olvidar las cosas.

Muchos libros sobre arte e Internet se centran sobre todo en el llamado «net art» o en las estrategias de apropiación. Pero Estéticas liminales cuestiona esas perspectivas sobre la relación entre Internet y la estética. ¿Son los backrooms, los memes o el vaporwave un capítulo realmente nuevo en la historia de la estética?
Como ocurre en cualquier etapa o evolución de la producción cultural, son en parte nuevos y en parte no. Muchos movimientos se inspiran en otros movimientos previos: siempre estamos remezclando. Pero al mismo tiempo, lo que considero nuevo, o al menos muy específico de este momento histórico, es que podemos observar un nivel de trabajo colaborativo a una escala nunca vista. Lo que Internet ha hecho posible es esta elaboración colectiva de ideas estéticas. La gente incluso crea colectivamente sin darse cuenta, e Internet lo agrega todo siguiendo una lógica memética.
Lo verdaderamente nuevo es este nivel de elaboración colectiva, no regulada y en constante transformación. La mayoría de las personas que contribuyen a estas nuevas estéticas no se consideran artistas, pero de algún modo están creando arte.
La noción de autoridad artística no está presente en el libro. Incluso las citas no proceden de grandes filósofos, sino de usuarios anónimos de Reddit o YouTube.
Fue una elección muy consciente por varias razones. En mi libro anterior, Memestética, establecí comparaciones entre el lenguaje de Internet y las vanguardias artísticas, porque existen similitudes sorprendentes. Lo que intentaba mostrar era que formas de expresión que antes pertenecían al mundo del arte estaban apareciendo a escala masiva como prácticas de apropiación cultural en Internet. Pero en este libro quería centrarme en la especificidad de la cultura de Internet, evitando deliberadamente esa conexión con el arte elevado. No quería dar la impresión de estar utilizando la filosofía para legitimar productos que normalmente se consideran menores. Por eso recurrí a esas citas.
Una de las características de estas estéticas es que están centradas en sensaciones, afectos, ambientes o vibes. Buscan expresar una determinada sensación, incluso una sensación precognitiva incluso. Si uno intenta comprender el valor de estas estéticas, las citas resultan fundamentales. Porque si simplemente muestras una imagen a alguien que no conoce los backrooms o el dreamcore, no la entenderá. Y es normal, porque nunca se trata de una sola imagen. Necesitas escuchar a las personas que comparten esa imagen qué buscan en ella y cómo las hace sentir. Y eso lo encuentras en los comentarios.

El libro identifica cómo funcionan estas imágenes, qué hacen. Y eso plantea una cuestión política y filosófica.
La liminalidad conecta con la gente porque expresa una sensación colectiva muy extraña que estas imágenes consiguen transmitir sin palabras: la idea de estar atrapado en el tiempo o entre dos estados. Esto conecta con una sensación muy contemporánea, la de de que el tiempo ya no avanza de la misma manera que antes. O la sensación de estar al borde de algo.
La mitología de los backrooms funciona tan bien porque fusiona deseos y miedos humanos muy antiguos, presentes desde hace milenios, con una imagen profundamente contemporánea. Tenemos el mito del laberinto, el miedo a los espacios infinitos, el miedo a perder el control, la sensación de no encontrar la salida o de estar completamente solo… Son emociones ancestrales. Pero, desde el punto de vista estético, estas imágenes hablan a una audiencia que reconoce la estética de los videojuegos de terror o del renderizado 3D; esa sensación particular que producen los espacios virtuales. Conceptos y afectos antiguos se combinan con estéticas contemporáneas.
Los backrooms y los espacios liminales se volvieron especialmente relevantes durante la pandemia. Puede parecer una observación obvia, pero es cierta: todos empezamos a notar, en el confinamiento, que vivimos rodeados de espacios liminales. También existe una conexión con la gran cantidad de arquitecturas inquietantes en las que habitamos diariamente bajo el capitalismo. Los backrooms también hablan de eso. Hablan de la cultura corporativa y de la desolación.
Argumentas que Internet es en sí mismo un espacio liminal: un umbral entre dos mundos. Muchos filósofos contemporáneos han demonizado la pantalla. ¿Cómo respondes a esta nueva versión moralista del mito de la caverna aplicada a las nuevas tecnologías?
Sí, la pantalla puede ser demoníaca. Internet puede ser traumático y puede desconectarte de la realidad. El Internet contemporáneo tiende a provocar adicción, radicalización y muchos otros problemas. Todo eso existe. En cierto sentido, estoy de acuerdo en que ese umbral es peligroso. Pero también creo que hay muchas otras cosas de las que no hablamos lo suficiente. A pesar de todo, la gente sigue viviendo online y debemos reconocerlo. Si adoptamos simplemente la actitud de «sal a tocar césped y deja la pantalla», nos perderemos una enorme parte de la cultura contemporánea. Corremos el riesgo de no entender lo que está ocurriendo. Nos guste o no, muchas personas viven buena parte de su vida en Internet.

Hay un sentido de comunidad en las formas estéticas que describes, pero también una profunda sensación de soledad. ¿Cómo podemos pensar esta paradoja? ¿Estas imágenes nos unen (en torno a un sentimiento común) o nos separan?
El objetivo es, efectivamente, combatir la soledad. Hoy en día, especialmente en ciertas partes del mundo, todo está organizado para eliminar espacios de socialización y organización colectiva: el capitalismo quiere que estemos solos y automatizados. Y estas imágenes comunican sentimientos de alienación, irrealidad, nostalgia o tristeza. Pero lo fascinante es que las personas intentan conectar precisamente a través de esas emociones.
A veces lo hacen mediante palabras, por eso recopilo comentarios. Mi lugar favorito en Internet son las secciones de comentarios de los vídeos, especialmente en YouTube. Allí encuentras personas que realmente conectan entre sí, compartiendo sentimientos y sufrimientos.
La sección de comentarios parece una vía de acceso a la intimidad.
¡Más que las llamadas redes sociales! Lo verdaderamente importante no está en los posts, sino en los comentarios.
¿Crees que eso ocurre porque la obra de arte o aquello con lo que te identificas expande tu subjetividad?
Sí. Es algo que los seres humanos llevamos haciendo muchísimo tiempo. Con Internet, sin embargo, puede hacerse a una escala completamente diferente: de repente, una noche puedes tener una conversación interminable con un desconocido sobre tus sentimientos más profundos. Puedes llorar leyendo un comentario en YouTube en una canción que te encanta. Son experiencias únicas.
Hablemos de dos de las referencias principales de tu libro: el surrealismo de vanguardia y las películas de terror.
El surrealismo reaparece en muchos rincones de la cultura contemporánea, no solo en el dreamcore. También en los sistemas de IA. En Internet, uno crea accidentalmente imágenes surrealistas cuando mezcla elementos que no deberían estar juntos. La diferencia entre el surrealismo histórico y este nuevo tipo de contenido es que el surrealismo, en términos generales, era también un movimiento profundamente político. Su objetivo era cuestionar ciertas formas de vida y de relación con la realidad; era verdaderamente revolucionario. No ocurre lo mismo con el dreamcore, que tiene más que ver con alejarse o evadirse de la realidad, y con esa vibe onírica.

Y las películas de terror quizá sean una forma de pensar una realidad alienada.
Sí, son otra manera de explorar fenómenos paranormales y aquello que podría existir en lugares a los que no tenemos acceso. Pero creo que el terror llegó a ocupar este lugar central sobre todo a través de los videojuegos. Ese fue el verdadero canal de transmisión. Durante los últimos veinte años la gente ha jugado durante miles de horas a videojuegos de terror. El espacio de los backrooms es, si lo piensas, como un videojuego. Estás en un no-lugar explorando en primera persona y en cualquier esquina puede aparecer un monstruo. Y ya tenemos al menos tres generaciones que han crecido con este tipo de experiencias.
También está Minecraft. Si nunca has jugado, es difícil comprenderlo. Los videojuegos producen recuerdos exactamente igual que la vida real. Absorbes esos recuerdos y los lugares que visitas en los juegos, igual que los lugares que visitas en los sueños, terminan convirtiéndose en recuerdos.
Parece que estamos entrando en una segunda etapa de la historia de Internet: la automatización de la creación y la comunicación representada por los bots. Sin embargo, la sensación de autenticidad en Internet parece más fuerte que nunca.
En los últimos tres años hemos sido testigos del desarrollo de las herramientas de inteligencia artificial. Es la evolución tecnológica más rápida que he visto jamás. Además, estas herramientas llegaron muy rápidamente a la gente corriente. Antes transcurría mucho más tiempo entre el diseño de una tecnología, sus pruebas y su llegada al público masivo. Ahora existe muy poco control sobre lo que se produce. Estos modelos son muy baratos y generan imágenes y sonidos en cuestión de segundos. Básicamente están contaminando Internet. Parte de lo que producen es interesante y parte es basura, pero el verdadero problema es la escala. Es abrumadora. Estamos sumergidos de lleno.
Cada vez resulta más difícil encontrar información fiable sobre cualquier tema. Siempre pongo este ejemplo a mis estudiantes: Quiero hacer un pastel, así que busco recetas. Y resulta realmente difícil encontrar recetas que no hayan sido generadas por IA. Pero esto está ocurriendo en todo tipo de ámbitos. Internet se está volviendo más difícil de utilizar como fuente de información.
Y eso genera cierta nostalgia por el Internet del pasado.
Sí. Pero, de nuevo, aquel Internet tampoco era una utopía ni mucho menos. Tenemos una visión idealizada de la vieja Internet. Yo tengo edad suficiente para recordarla. No era un lugar perfecto, acogedor y maravilloso. Ya existían los trolls, los espacios tóxicos, los contenidos horroroso y la desinformación.
Todo eso ya estaba presente, aunque no a la escala actual. Y además no existían las redes sociales tal y como las conocemos hoy. Ese fue el gran cambio.
Al final del libro citas a David Bowie describiendo Internet como una forma de vida alienígena. Hoy quizá sentimos que no hay escapatoria posible de la tecnología digital y que las grandes empresas tecnológicas se han convertido en el gran enemigo. ¿Crees que llegará un momento en que Internet sea visto como algo perteneciente al pasado?
Somos muy malos prediciendo el futuro de la tecnología, uno de los ejercicios que hago con mis alumnos tiene que ver con eso: leer predicciones tecnológicas escritas en el pasado sobre nuestro tiempo presente. Pero sí, por citar la manida frase: es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin de Internet.
Sin embargo, sí puedo imaginar una etapa futura en la que Internet se utilice de una manera completamente diferente. No su desaparición, sino una transformación profunda de su uso. Si no encontramos formas de proporcionar a la gente herramientas para distinguir qué fuentes son fiables y cuáles no, una posibilidad es que Internet deje de ser el lugar al que acudimos para informarnos sobre el mundo. Así que el papel de Internet podría cambiar para siempre.


