Y entonces un día vinieron y nos sacaron de allí

El formato ha tenido tanto éxito que es una descripción vaga y válida para otros ejemplos: un podcast en el que dos amigas hablan de cosas que les gustan. No hay casi nada sobre el contenido en esta premisa y sin embargo, no es difícil imaginar unos cuantos ejemplos a poco que se añadan más detalles, desde consejos inoportunos a recomendaciones culturales. Pero quizás convendría detenerse en un ejemplo perfecto de esta premisa.

El Ciberlocutorio empezó a emitirse en 2019, en realidad ya en un tiempo un poco transicional. Radio Primavera lanzó entonces una programación cultural con cierta sensibilidad generacional, entonces millennial, aprovechando el hueco dejado por los incipientes medios digitales que fueron más o menos cerrando.

Presentado por Andrea Gumes y Anna Pacheco, el Ciberlocutorio empezó con una suerte de mantra que se sigue repitiendo en la entradilla de cada programa: “Todas las cosas más importantes del mundo están en Internet. Y si no están, no nos importan” El eslogan es una estrategia definicional efectiva porque anuncia muy bien el tono frívolo, juvenil y directo de muchos de los programas iniciales. Lo más distintivo de estos programas es el carisma de ambas y el carácter improvisacional de los diálogos, con divagaciones, chistes y un exhibicionismo vanidoso encantador.

Los temas de estos programas solían tener un cierto gancho tecnológico (“Desahogarse en instagram”) y su emisión era en directo, en rambla abaixadors. Este carácter de evento le dio al programa un cierto aire de evento urbanita que se truncó cuando aquello de 2020 lo rompió todo.

El Ciberlocutorio pandémico fue en realidad un programa mucho más ameno que los anteriores. Hay pocos gestos más conscientes del daño a la salud mental de la pandemia (enfermedad, muerte, incertidumbre) que la decisión de Gumes y Pacheco de entrevistar a Berto Romero, un cómico televisivo, en vez de seguir con sus estructuras habituales.

En la postrimería de la pandemia, el Ciberlocutorio se ocupó sin embargo de desplazarse a un terreno más ambiguo, entre la reflexión moral y la expresión personal, con más recomendaciones literarias y culturales pero siempre en el marco de una conversación fluida hasta el punto que ni siquiera parecen testimoniales sino pequeños arrebatos de espontaneidad.

Con el capitalismo de plataformas, entró el gigante Spotify y un acuerdo cambió la periodicidad mensual al comienzo de la cuarta temporada. De la periodicidad mensual (o bimensual) el programa evolucionó a la emisión quincenal y a una promoción en tiktok.

En esa temporada empieza a notarse lejano el humor habitualmente juvenil y desconsiderado de las primeras temporadas, sustituido una rarísima mezcla de autocompasión y sabiduría que deja entrever ciertos rastros de dolor y tristeza.

De hecho, si la emisión mensual forzaba una suerte de “mirada” sobre la actualidad (donde el talento cómico de ambas hacía olvidar enseguida lo caduco del asunto), la quincenal inspira una suerte de estructura serializada más ingeniosa, motivada probablemente por unas condiciones de grabación de guerrilla que fuerzan a seguir guiones más cuidados, pero también inspiran una suerte de continuidad temática inédita hasta entonces. De hecho, por vez primera en el programa aparecen unas reflexiones hondas (amigas, familia, afecto, validación) que casi podrían entenderse musicalmente, como una suerte de variaciones sobre las distintas formas del amor y la decepción.

Era bastante improbable imaginar a Gumes y Pacheco hacer una relectura irónica (y punzante) de sus personalidades pasadas o escuchar en el programa cosas que no suelen caber en cuanto el humor se convierte en norma y no en atmósfera, como un quiebre de voz recordando un año primerizo de amor de forma pasajera. 

En la última y ya séptima temporada, estas características se hicieron un poquito más evidentes debido a una sofisticación estructural. El programa parece contagiado por la evolución paralela de sus conductoras en su desempeño profesional individual. Si Gumes adquiere un rol institucional, con un programa en la televisión pública catalana llamado Nervi en el que hace de su selección de entrevistados su mayor virtud, también trabaja en otro proyecto personal, Notes, dedicado a ordenar lecturas en marcha. Pacheco publica una crónica-ensayo, Estuve aquí y me acordé de todos nosotros (Anagrama), en la que deja claro su interés por una suerte de psicogeografía de la clase media más bajita de los últimos veinticinco años y sus correspondientes imaginarios. O sea, las vacaciones a plazos, los terrenillos y las visitas a grandes superficies que construyen, pongamos, Barcelona y los horizontes de sus familias trabajadoras.

Por vez primera, el programa acude solamente de forma ocasional a las conversaciones e incluso se utiliza algo raro, el segundo plano (véase el memorable duelo amistoso entre Camila Sosa y Gabriela Wiener donde las autoras son felices testigos). Y por vez primera, el programa indaga sobre imágenes que abarcan varios capítulos: las condiciones materiales de Internet, una historia social de los bloques y sus toldos, la vida y muerte de las grandes superficies o hasta un monográfico sobre la mentira.

Decir que esta ha sido la mejor temporada del programa parece más bien irrelevante y hasta incalculable, y quizás lo que merezca más la pena señalar es que al programa se le ha permitido envejecer, como una suerte de bicefalia feliz con sus momentos de unión y otros de elegante separación entre sus partes, y hasta desarrollar su atención sobre algo que ya no es tan vago como un titular prefabricado. Podríamos imaginar al podcast como un viejo amigo o conocido. Pero frecuente, y equívocamente, de los amigos antiguos recordamos la familiaridad y hasta les damos una esencia, cuando, en verdad, es la tolerancia a sus aciertos, errores y cambios, sostenida por una mutua lealtad, lo más emocionante de esos vínculos. Ya ha pasado el tiempo suficiente como para no preocuparse por la vanidad o las equivocaciones de la persona conocida, y es posible hablar de ella como, sencillamente, una compañía que elegimos.

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